
La rinoplastia es una cirugía que se realiza con la finalidad de reparar o remodelar los defectos propios de la nariz. El objetivo principal es buscar una armonía facial: no se trata únicamente de reducir o aumentar el tamaño de la nariz, sino de adaptarla a las facciones y características de cada persona.
Hay quienes acuden para aliviar problemas respiratorios, como obstrucción nasal o desviación del tabique. En estos casos se realiza una septoplastía, que puede combinarse con la rinoplastia en la misma intervención (septorrinoplastia).
Entre los motivos estéticos más comunes:
Técnica preferida por la mayoría de cirujanos y pacientes. No deja cicatriz visible tras la operación. El acceso se realiza a través de las fosas nasales, sin incisiones exteriores.
El cirujano realiza una pequeña incisión en la zona media de la nariz para acceder con mayor visibilidad a huesos y cartílagos. Está indicada en casos complejos.
El procedimiento suele durar de una a dos horas. Se aplica anestesia general o local con sedación, según indicación. Para conservar la nueva forma de la nariz puede colocarse una férula externa y, en algunos casos, férulas plásticas o tapones nasales internos.
Normalmente el paciente regresa a casa el mismo día. Es común sentir dolor e hinchazón en la nariz y la cara durante las primeras horas. Si se colocó tapón nasal, se retira entre 3 y 5 días después. La cicatrización es un proceso gradual: la recuperación visible toma semanas y los resultados definitivos pueden requerir hasta un año.
Como toda cirugía, existen riesgos generales: sangrado, infección, hematomas y reacciones a la anestesia. También puede haber resultados estéticos insatisfactorios o pequeñas venitas en la piel de la nariz, generalmente transitorias.